En la ruralidad de Usme, firmantes de paz, víctimas, campesinos y familias encontraron en la Granja Agroecológica Tíbares un espacio para transformar el territorio. No mediante discursos. Mediante la tierra, el arte y el encuentro entre personas que no siempre tuvieron razones para estar juntas.Tíbares no es un proyecto institucional frío. Es un lugar donde la gente trabaja la huerta, ensaya una canción, graba un video con su historia y al final del día comparte la mesa con quien antes miraba de reojo.
Niñas, niños, jóvenes, campesinos, víctimas y firmantes de paz han encontrado nuevas formas de relacionarse. El proceso artístico desarrollado allí integró música, teatro y creación audiovisual, con obras construidas colectivamente a partir de relatos del territorio.
En 2026, la Consejería Distrital de Paz, Víctimas y Reconciliación acompañó una jornada en la granja en la que fueron entregados instrumentos musicales a niñas y niños vinculados al proceso Alma Tíbares, fortaleciendo la formación artística como escenario para la construcción de paz. Un detalle que dice mucho: no llegaron a dar un taller y se fueron. Llegaron con instrumentos, se quedaron con la comunidad y dejaron algo que va a sonar durante años.
Desde el Distrito se ha reconocido la granja como un espacio de encuentro y reconstrucción del tejido social en Usme. Pero quienes viven cerca de Tíbares no necesitan ese reconocimiento oficial para saber lo que pasa ahí. Lo ven en los niños que llegan por primera vez a tocar un instrumento. Lo ven en el campesino que cuenta su historia frente a una cámara por primera vez. Lo ven en que gente que cargaba silencios pesados empieza a hablar.
Se construye con la sociedad y en el territorio, generando espacios donde las diferencias puedan encontrarse y convertirse en oportunidades para trabajar por un propósito común. En Usme rural, eso no es un eslogan. Es lo que ocurre cada vez que alguien cruza la puerta de Tíbares.










