Más de diez entidades distritales en un mismo punto de Usme, abiertas a todo el que llegara. Sin cita. Sin filas infinitas. Sin que nadie te mandara a otro lado.
Eso fue la tercera Feria por los Derechos Humanos en la localidad. Un evento que ya va por su tercera edición y que cada año convoca más porque la gente descubrió que vale la pena ir.
Orientación jurídica, servicios de salud, rutas de atención para víctimas, información sobre vivienda, migración, diversidad, seguridad y ambiente. Todo junto. La Alcaldía Local, la Estación de Policía, la Subred Sur, el Hábitat, la Integración Social, la Personería, la Defensoría del Pueblo, TransMilenio, la Secretaría de la Mujer, Migración Colombia. La lista es larga porque el propósito era serio.
Pero la feria no fue solo papeles. Hubo danzas, títeres, emprendedores de la localidad mostrando lo que hacen, conversatorios que explicaron conceptos de convivencia sin ponerse densos. Porque un evento de derechos humanos que solo habla de derechos humanos en tono solemne termina vacío.
El sur de Bogotá tiene menos acceso a servicios institucionales que otras zonas de la ciudad. Esa es la razón de fondo por la que estas ferias importan. Que la gente sepa a quién llamar, dónde ir y qué le corresponde recibir del Estado no debería depender de dónde uno nació dentro de la misma ciudad.










